Espacio con algunas de las obras de Daniel Vega/Daniel Astur Vega (1953-2010)
Translate
jueves, 12 de abril de 2012
lunes, 9 de enero de 2012
PEQUEÑA NANA
Mi madre me llevó
en su vientre a la ciudad
pero los dos partimos
de tierra minera
y esa vieja nana
que de ella aprendí
la llevaré en mí
hasta que muera.
Ella me habla
del río Nalón
de sus riberas
entre hullas de carbón
y esa vieja nana
que de ella aprendí
la llevaré en mí
hasta que muera.
La pequeña nana
nana nana nana na
duérmete niño, duérmete ya
que las estrellas
te acunarán.
Copyright Daniel Vega, Canción de la pequeña nana
domingo, 11 de diciembre de 2011
MEMORIA DE LA ARQUETA INFINITA
Perdida en desvanes,
hallé
mi arqueta de infancia,
en ella
soñaban objetos
que aún avivan la memoria:
la estampa
de un bosque hiemal
(perfecto
para poblarlo
con mágicas criaturas),
dos cartones secantes
con setas
y trasgus del bosque
(y huellas felices
de tinta,
garabatos primigenios),
tres raras monedas
ya sin relieve
(y a quién puede importar
un áspero prócer
coronado
de hierro y de sangre),
de azabache
(precioso lignito,
primera noción de hermosura
en mi alma)
había
un trisquel
(hélice celta y solar,
talismán
contra fiebre y heridas)
y una cigua brillante
(mágica mano,
tan poderosa que ahuyenta
a los ojos dañinos);
una piedra
de carburo
que tuvo olor a soldadura
(aroma
a vida primordial
que nunca
nos deja vacíos)
y otra
rodada en el río
(con certeza
la obtuve en huelgas de minas
al entonces fluir
transparentes
las aguas).
he vuelto a perderla
por nuevos desvanes,
las piezas
aunaban
asombros antiguos,
pero tengo por cierto
que ese don
(como aquellas jornadas de vida)
sólo perdura
en el hondo fulgor de lo ya adormecido.
Copyright Daniel Vega, La caja de la Memoria
sábado, 10 de diciembre de 2011
MEMORIA DE LAS AVES MIGRATORIAS
Qué conciencia tendrán
del granizo
y la lluvia
y la escarcha naciente,
cómo habrán de sentirlo
tan leves
cartílagos
entre un ser y un no ser
por las rocas y el agua.
Como un canto salpica la mar
cada cuerpo aterido,
profusamente
en el límite
los pájaros
atraviesan la mañana.
Copyright Daniel Vega, La Caja de la Memoria
martes, 18 de octubre de 2011
MEMORIA DE LA RÍA DE AVILÉS
NOCTURNO DE ACERÍA
Térmica noche sonora añil como un ángel en fuegos
cuando el acero y la luz se desnudan como espadas,
brotan estrellas caídas en el líquido de hierro
y todo parece mecido por una metálica mano.
Acería de insomnes,
nocturnas materias de fragua, es roja la sed y la vida
donde el fluir del crisol quema con ojos de arrabio.
MEDIODÍA EN EL PUENTE DE HIERRO
A DOS VOCES
Grúas, ingenios levitantes,
mareas con la honda espesura del cieno,
hierros de puente yuxtilíneos, yuxtapuestos,
roídos de intemperie.
Se dice que este muelle tuvo un vivo mar
con muchachos submarinos y limados por la arena,
alboradas en quietud,
pescadores con red y barcas como racimos.
Naves grises, grandes buques torrenciales,
engranajes como máquinas de guerra,
arboladuras a gritos,
laberintos de ruedas con ansia de aceites.
Algo de aquel tiempo oscila aún
cuando el sol reverbera antigüedad
y es enorme la alegría sobre el agua
semejando peces de oro.
Metalurgia, cañones de luz,
estaturas de anclas no imaginadas por mí,
explanadas de escoria caliente,
pulmones en llamas.
A qué morir se fueron los remeros,
los sonidos del mar, la náutica magia,
adónde el marino con rumbo a luceros
herido por tantos metales.
Se abren los hornos y el aire enloquece:
burbujas imán, nubes color salamandra,
vapor y gaviotas en giros nupciales
¡ah, del acero!
la nueva belleza que los hombres abrazan.
LAS BARCAS ROTAS
Descarnadas, semejando cartílagos, las barcas rotas;
una visión eremita por los arenales.
Vida tras vida
fueron la extensión humana de este pueblo,
herramienta para el vínculo entre el hombre y su mar;
humildes instrumentos compartieron
lunaciones, tormentas, el respirar poderoso,
en jornadas de peces aportaban canciones y con artes
y remos abarcaban fondos de vértigos fríos,
en días de suerte contraria sufrieron galernas,
fueron víctimas, conocieron la orfandad.
Demasiada historia hubo aquí,
demasiado ejercer las mareas.
Oscuramente
miro esos despojos que surcaron el pasado,
póstumas barcas corrompidas al sol, memoria de nadie,
gaviotas sin alma las usan, el lodo
ocupa sus vertientes
y sólo la luna recrea el idilio de entonces;
oscuramente las veo yacer
ante el fuego de hornos y yunques
que el hombre golpea en su actual desempeño.
Ellas, dura raíz
en común abandono a la espalda del mar,
esternones vencidos, cadáveres lentos
donde rompen sus olas los días del agua.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Resurrección
Una vez existí yerto en vida, a solas con mi subconsciente,
en lo obscuro no hubo amigos, ningún dios me visitó,
sólo formas del delirio me ofrecieron sus venenos;
solo, solo, solo, hablaba con el vacío y sólo la escarcha,
la pasión del amor ya era antigua memoria,
acaso una lágrima viva me otorgó algún alivio.
No hay hoguera más atroz que la del espíritu en llamas,
no existe cárcel más triste que la del alma vencida.
Pero ahora llueve luz sobre mi sangre,
ahora quiero cantar las canciones del futuro,
ahora intento lo exterior como cualquier criatura,
renacer en cada cosa para vivirla de nuevo.
Copyright Daniel Vega, Arderencia.Cap. V